Miguel Heberto Elizalde Lizárraga, presidente ejecutivo de la ANPACT REVISTA AUTO MOTORES INFORMA

Miguel Heberto Elizalde Lizárraga, presidente ejecutivo de la ANPACT

Diciembre 2015 / El autotransporte de carga y pasaje es relevante para la sociedad y la economía mexicanas, ya que más de 56% del total de la carga y 96% de los pasajeros son trasladados en territorio nacional mediante camiones y autobuses. Para tener en el futuro un transporte más seguro, eficiente y amigable con el ambiente, se tendrá que invertir en infraestructura, no sólo para tener caminos nuevos, sino también para contar con moderno parque vehicular.

De poco sirve contar con una flota de camiones recientes, si se tiene una infraestructura de transporte rezagada o, a la inversa, esto es, contar con adecuadas vías por las que transiten vehículos antiguos, obsoletos, costosos y altamente contaminantes. Por ello, el avance, la renovación, debe de ser en todas las partes que conforman la industria del autotransporte en México.

La tarea de la Asociación Nacional de Productores de Camiones, Autobuses y Tractocamiones (ANPACT), tiene como objetivo prioritario abonar a favor del sector, contribuyendo a que sus empresas afiliadas cumplan con su responsabilidad de producir y comercializar motores y vehículos pesados de transporte masivo moderno, eficiente para los usuarios en todos los sentidos, rentable para los transportistas y benéfico para la economía y la sustentabilidad del país.

Más allá de señalar los avances tecnológicos como destino predictivo, hago referencia, desde un punto de vista holístico, de las principales tendencias que se observan en otros países y cómo, considerando las necesidades de la industria, particularmente de México y Latinoamérica, se espera permeen gradualmente hasta consolidar los avances que eso conlleva.

La seguridad vial es fundamental –inclusive el tema debería de estar en el ADN de cada empresa del autotransporte para reclamar su cumplimiento puntual– independientemente de los requerimientos y obligaciones que exigen las autoridades a través de la legislación, normatividad o reglamentos, toda vez que preservar la integridad de los pasajeros y la carga es primordial para el desarrollo sectorial, para las personas, las compañías y los recursos financieros de la nación. La seguridad pública de los ciudadanos y de sus bienes es obligación constitucional del estado mexicano en todos los sitios del territorio, incluidas las carreteras.

En México, no podemos ni debemos poner a la seguridad vial como negociación o moneda de cambio, de contraprestación obligatoria para reducir costos de adquisición de vehículos, de su eficiente mantenimiento y correcta supervisión de las vías de comunicación por parte del estado. Los desastres naturales en huracanes, sismos, intensas lluvias en la geografía mexicana ya de suyo difícil por las sierra que cruzan el país, requieren de vasta atención para que estén siempre en adecuadas condiciones de transitabilidad.

Aún hay largo camino por recorrer en cuanto al sentido de la seguridad, del combate a la delincuencia, del bloqueo de carreteras que en mucho perjudican al traslado de personas y mercancías, las que ocurren por múltiples motivos, justos o injustos, pero que al final terminan afectando a personas, empresas y a sectores económicos que nada tienen que ver con sus reclamos.

Espero, en los años por venir, mayor participación de la sociedad en el tema, de interactuar para retornar al clima de seguridad y de transitar con certidumbre de que no seremos violentados en nuestras personas y bienes. Aunque en el corto plazo deberíamos contar con nueva Ley de Seguridad Vial y efectiva recolección de información estadística de la accidentabilidad, con la finalidad de homologar las políticas públicas en el futuro. También, a mediano y largo plazos, de la autorización por la parte normativa y reglamentaria, para que los transportistas puedan operar vehículos más robustos, con mayor capacidad de carga, acorde con las características de la demanda, competitividad y condiciones de diseño de la vialidades en las carreteras y ciudades del país.

Otra tendencia de moda en México es la movilidad. El término conceptualiza, desde la visión gubernamental, el traslado de personas y mercancías, con la infraestructura, en apego a leyes y reglamentos del transporte. Cada vez se escucha más el vocablo en las ciudades. Inclusive algunas de las secretarías o direcciones generales de transporte en las entidades federativas, han adoptado el concepto en sus dependencias.

Ya están en vigor las primeras leyes y reglamentos en el centro de la República y tienden a generalizarse.

Interpretamos por movilidad, la intención de ubicar al peatón en el centro de atención e incluso con preferencia respecto al transporte vehicular. Pero la movilidad está ligada con otras facetas:

– La reducción en el consumo de combustibles

– El decremento de congestionamientos

–La utilización de menor tiempo en los traslados con el fin de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, o que los productos estén en el menor tiempo en los centros de consumo.

Para hacer realidad la movilidad con tal enfoque, resulta fundamental que haya mayor y mejor calidad, así como eficacia del transporte masivo, tanto para los trayectos largos como en el uso de bicicletas o algún otro tipo de vehículos que no consuman combustible o lo hagan de forma mínima.

La movilidad en el caso mexicano va estrechamente ligada al problema crítico del ambiente, corriente en la que la industria global de camiones industriales ha investigado y desarrollado tecnologías para que en el futuro cercano, se logre la meta de contar con transporte de cero emisiones contaminantes. Actualmente el enfoque está en las urbes o regiones con mayor concentración de contaminación; empero la industria cuenta ya con tecnología avanzada de trenes motrices, disponible para aplicarse en territorio nacional.

En tal rubro México está rezagado, toda vez que para el aprovechamiento de las ventajas que aportan los motores modernos en camiones y autobuses de última generación, se precisa disponibilidad de diesel de Ultra Bajo Azufre (UBA) del cual no existe la oferta suficiente por parte de Petróleos Mexicanos en toda la nación.

Resulta contrastante pretender aplicar una normatividad limpia y exigir mejor rendimiento de los motores vehiculares, si no se garantiza el combustible adecuado para los vehículos de reciente generación en todo el territorio nacional. Hay la intención gubernamental desde hace varios años de ofertar suficiente diesel UBA, incluso el Plan Nacional de Desarrollo de este sexenio así lo contempla, pero la crisis de la industria petrolera, entre otras razones, han impedido llevarlo a cabo.

En el caso de energéticos alternativos como el gas natural, de igual manera se requiere crear la infraestructura necesaria en el país, con estaciones de abasto o de recarga para generalizar su uso a futuro. Asimismo para los camiones híbridos o eléctricos. Este tipo de vehículos innovadores, con opción en cuanto a consumo de combustible, tienen precio más elevado, por lo que su fomento requiere estímulo fiscal.

Lo anterior porque la inversión de la empresa transportista es mayor que la canalizada a la adquisición de vehículos convencionales y para que no impacte en las tarifas, requiere de algún mecanismo favorable por parte de las autoridades.

Si el transportista no tiene estímulos para el cambio, evidentemente su opción será mantener sus camiones con la tecnología con la que siempre ha trabajado y no experimentar con motores que conoce que son mejores, con mayor rendimiento y bajas emisiones, pero que requieren inversión más alta, la cual no puede sufragar por sí mismo.

Otro tema, de mediano y largo plazos, es la situación actual del mercado interno en lo que compete a la demanda de vehículos.

La realidad es que el nivel de compra de autobuses y camiones se encuentra en rangos parecidos a los de hace veinte años y se enfrenta la amenaza de que se profundice el rezago: la liberación total para la importación de vehículos usados provenientes de Estados Unidos y Canadá a partir de 2019 pactada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN.

Tal proximidad genera incertidumbre en las empresas de la industria terminal, las comercializadoras, así como en las redes de distribución y de posventa, respecto a la posibilidad del establecimiento de adecuada normatividad ambiental, que impida el ingreso irrestricto, a territorio mexicano, de chatarra vehicular.

Llenar al país con vehículos importados viejos, imposibilita alcanzar los objetivos de reducir la edad del parque vehicular, de lograr la renovación de la población de camiones y autobuses para reducir su edad promedio.

Mediante la creación de incentivos adecuados para la compra de automotores, los combustibles alternativos, para la destrucción de los autobuses y camiones obsoletos y la sustitución por camiones nuevos o seminuevos, en paralelo con una reglamentación restrictiva de las condiciones físico mecánicas y de los niveles de emisiones en los vehículos que pretendan ingresar al país, podemos diluir el riesgo de mayor declinación en las ventas del mercado interno.

Tendencia que no es contemplada por muchos, pero que considero indispensable para la transformación positiva del sector, es la profesionalización del autotransporte.

El autotransporte federal (sin considerar el estatal, que registra condiciones menos competitivas) está atomizado en más de 140,000 empresas, lo que genera aguda competencia entre los transportistas y que no se traduce en adecuado desempeño.

Es necesario que las empresas crezcan tanto en sus flotas como en sus recursos humanos y gerenciales. Todas las compañías chicas, medianas o grandes tienen áreas de oportunidad para ser más eficientes administrativa y operativamente, buscando aprovechar al máximo las capacidades de sus vehículos y las habilidades de los conductores para reducir costos, mejorar la calidad en el servicio para los usuarios y con ello incrementar sus negocios para invertir en vehículos más eficientes.

La articulación entre los diferentes modos de transporte es una tendencia ya plenamente establecida en el comercio nacional e internacional en muchas naciones, por lo que en la República Mexicana es urgente avanzar en el multimodalismo para hacer frente al creciente traslado de productos que el país registra con naciones de Asia, Europa, Norteamérica y América Latina. En la transportación multimodal el modo terrestre resulta el punto de enlace estratégico entre las estaciones ferroviarias, los puertos de embarque y desembarque de los barcos y en los aeropuertos de entrada y salida de los aviones.

Ante ello, la oferta de los camiones industriales de los asociados de la ANPACT está preparada para abonar en la movilización articulada con los otros tipos de transportación.

Tanto quienes aportamos nuestro esfuerzo y dedicación en la ANPACT, como los miembros del organismo, las empresas armadoras y comercializadoras de camiones, autobuses, motores y tractocamiones, estamos comprometidos en trabajar de la mano con los gobiernos y los miembros de los poderes legislativo y judicial, para que en el mediano plazo México revierta las condiciones actuales de esta industria, puntal para el desarrollo nacional.

En este contexto felicito a quienes laboran en Editorial Auto Motores Informa, por alcanzar 20 años de actividad, reconociendo el quehacer periodístico que realizan desde 1995 y exhortándolos a conservar una actitud vinculatoria entre las empresas de la industria automotriz productora de bienes de capital y del autotransporte.

¡Enhorabuena!

Para avanzar en reducir las emisiones a través de nuevas tecnologías, son fundamentales la disponibilidad de los combustibles y de los incentivos para que las empresas adopten el cambio, de apoyo económico, con algún estímulo directo al fabricante o transportista.

Para lograr que México sea una potencia económica mundial, tiene que mejorar muchos aspectos y uno de ellos es transformar el sector del transporte para alcanzar los estadios de desarrollo y tecnología que tienen las naciones avanzadas económicamente.

Miguel Heberto Elizalde Lizárraga

Presidente Ejecutivo de la ANPACT.

Antes fue director general del Autotransporte Federal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

En 2007 se incorporó a la administración pública como subdirector de Control de la red concesionada y contratada de Caminos y Puentes Federales de Ingreso.

Posteriormente ocupó la coordinación de transportes Estados Unidos-México.

Es egresado de ingeniería industrial del ITESM y cuenta con maestría en administración pública por la Universidad de Siracusa en Nueva York.

La ANPACT y sus asociados pugnan por un autotransporte eficiente y sustentable   REVISTA AUTO MOTORES INFORMA

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